La Aldea Irreductible: 1/09/11

jueves 15 de septiembre de 2011

Un sencillo experimento gedanken

En 1896 el joven Albert Einstein, que por aquella época contaba con apenas 17 años de edad, fue enviado a la pequeña localidad suiza de Aarau para terminar sus estudios secundarios. Alojado como huésped en la casa de uno de sus profesores, Jost Winteler, el adolescente, además de dar rienda suelta a sus hormonas flirteando con la hija de Winteler, ocupaba sus ratos libres en otros curiosos pensamientos.

Llegaba a su habitación, encendía la lámpara, y tras unos instantes pensativo, el chaval ponía a funcionar lo que Poirot llamaba células grises y se decía para sí: Imaginemos que puedo correr tan rápido como quiera. Es más, imaginemos que puedo moverme tan rápido que pudiera viajar a la misma velocidad que la luz que sale de mi lámpara. Soy tan veloz que viajo a la misma velocidad, exactamente la misma… ¿Qué es lo que vería? ¿Cómo vería la luz si pudiera correr junto a ella con su misma rapidez?

Faltaban cuatro años para llegar al siglo XX y a Einstein, que ya había estudiado con cierta profundidad a Maxwell y a Newton, no le cuadraban algunas cosas.

Si la luz y yo viajásemos a la misma velocidad, en ese camino juntos la luz estaría quieta respecto a mí. Vería la luz en reposo y eso es imposible: si la luz existe es simplemente porque se mueve, porque viaja. Al igual que no existe una ola quieta, la existencia de la luz se debe a que se mueve y por tanto no puedo verla en reposo… ergo, es imposible que yo pueda moverme a la velocidad de la luz.

Una década más tarde, en 1905, Albert Einstein revolucionaría el mundo de la ciencia publicando una serie de artículos científicos entre los que se encontraba su famosa teoría de la relatividad especial.

Aquellas carreras imaginarias de juventud a la velocidad de la luz, que el propio físico relató en diversas entrevistas antes de su muerte, fueron el germen de su posterior trabajo y en el mundo de la ciencia se conocen como “experimentos gedanken”. Son hipótesis imaginarias que se realizan mentalmente para comprender cómo funciona la Naturaleza, una especie de experimento pensado, un barato laboratorio preparado en nuestro cerebro.

Otro personaje irreductible al que se le daban muy bien estos gedankenexperiment fue Nikola Tesla que se pasaba horas visualizando mentalmente sus ingenios. El genio de los mil y un inventos dejaba volar su imaginación durante largos ratos desarrollando estructuras, creando planos y artefactos que, primeramente, funcionaban en su cabeza.

Así fue como, un día sentado en un parque, en uno de estos momentos enfrascado en sus pensamientos, imaginó un mecanismo y lo fue desarrollando mentalmente. Al rato buscó desesperado un lápiz y un papel para dejarlo impreso por escrito, pero no pudo encontrar nada a su alcance. En su lugar lo único que se le ocurrió fue dibujar con su dedo en la arena de aquel parque. Cuando llegó a su taller y se puso a trabajar en ello, descubrió que todo encajaba perfectamente… acababa de crear el primer motor polifásico de corriente alterna.

Bueno, y qué decir del gedankenexperiment por antonomasia, el gato de Schrödinger. Un felino imaginario encerrado en una trampa mortal que revolucionó el mundo cuántico estando vivo y muerto a la vez.

A lo largo de la historia muchos de los descubrimientos y avances realizados por la ciencia, se han producido en primer lugar en la mente de quienes, observando la realidad, se aventuraron a imaginar qué ocurriría si…



Ahora, y viendo que no resulta (para algunos) demasiado difícil imaginar consecuencias a partir de unas condiciones hipotéticas, vamos a intentarlo nosotros.

Comencemos primeramente por unos cálculos mentales sencillos, aunque con bastantes ceros. El año pasado, el consumo mundial de petróleo alcanzó un nuevo record situándose en 86,60 millones de barriles diarios. Teniendo en cuenta que un barril de crudo es igual a 42 galones, o lo que es lo mismo unos 159 litros, la multiplicación es la siguiente:

86.600.000 barriles x 159 litros = 13.769.400.000

Pongámoslo en letras y, aunque no sea muy científico redondeemos un poco: consumimos a diario unos Catorce mil millones de litros de petróleo. Todos los días. Cada veinticuatro horas.

En 1956 y realizando cálculos similares a los que hemos realizado para el consumo actual de petróleo, el geofísico Marion King Hubbert se aventuró a realizar una predicción sobre las reservas de Estados Unidos y adelantó que, para finales de la década de los 60, la producción de petróleo norteamericana llegaría a su punto máximo para a partir de ahí comenzar a descender.

Muchos consideraron entonces que las predicciones de Hubbert no iban más allá de meras especulaciones mentales adornadas con bonitas funciones gaussianas sin ninguna base real… hasta que en 1971 se cumplieron y el geofísico saltó a la fama con aquella teoría del pico de Hubbert.

Pero continuemos con nuestro gedanken y añadamos algunos elementos más para imaginar qué futuros escenarios podrían presentarse o cuáles serían sus posibles consecuencias.

Viviendo en un planeta finito en donde, como es evidente, los recursos naturales se acabarán tarde o temprano, el siguiente movimiento debería contemplar la demografía y la cantidad de energía necesaria para cubrir sus necesidades.

La ONU estima que en el año 2050 la población mundial llegará a los 9.000 millones de habitantes y la demanda de energía, según un estudio publicado por la propia multinacional del petróleo Shell, será tres veces mayor que la del año 2000.

El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco dijo una vez, a modo de metáfora muy aclaradora, que el día en que los chinos comenzasen a usar papel higiénico podríamos despedirnos del Amazonas. Pues bien, vivimos en un planeta en el que ya pocos se conforman con papel higiénico, también quieren (y con todo el derecho) sus propios iPhones, coches de 16 válvulas, pantallas de plasma superplanas y aire acondicionado para el verano. Y 9.000 millones es mucha gente.

El mundo que disfrutamos se ha creado en apenas unas décadas. En menos de un siglo hemos pasado de la carreta y el caballo de nuestros abuelos al avión supersónico. Nuestra vida, nuestra comodidad, nuestros pequeños (o grandes) logros nos han ido llegando a un ritmo espectacular, poseemos tecnología que, con la sonrisa cómplice de Clarke, pasaría perfectamente por magia hace tan solo unos años.

Sin embargo, es un gigante con los pies de barro.

Tal y como nos recuerda Kaku, nuestra gran civilización se basa en realidad en plantas muertas que, tarde o temprano, se acabarán regalándonos una estruendosa bofetada de realidad y una verdadera crisis, una de las gordas.

Y las crisis no suelen venir solas… en nuestros días, la burbuja inmobiliaria desinfló la bolsa que llevó a una crisis financiera que ha desembocado en crisis económica mundial, y sin embargo, esto no es más que un rasguño comparado con los hachazos que nos esperan a la vuelta de la esquina.

Hagan su propio gedanken… planteen su experimento mental e intenten prever el futuro escenario que nos espera, resolviendo una ecuación mental en donde hay que restar el petróleo, sumar población, añadir demanda de energía y finalizar con un más que posible cambio climático… los resultados que a mí me salen, acojonan.

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Éste artículo corresponde a la sección "Desde la cubierta del Beagle", mi colaboración semanal con el periódico Diario de Avisos y su sección de ciencia Principia.

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miércoles 14 de septiembre de 2011

Ay... Catilina, Catilina...

Como seguramente todos ya sabréis, el director del diario El Mundo, que en twitter es @pedroj_ramirez, la ha liado y bien liada en internet publicando una foto que claramente "recorta" la realidad por donde a él más le conviene. La polémica la podéis encontrar bien expuesta en este artículo del blog Loca academia de Vaders.

En realidad, este tipo de disputas periódisticas no suelen tener cabida en la Aldea Irreductible, principalmente porque no me interesan y sobre todo porque ni son nuevas ni son originales, seguro que muchos recuerdan el artículo de Guillermo ¿Por qué llora?, aquel post en el que el periódico nazi Völkischer Beobachter "interpretaba" las lágrimas de la señora diciendo que eran de emocionante alegría al ver llegar a los alemanes... era "su" visión.

En fin, otros blogs seguro que tratarán mejor este claro ejemplo de malaprensa. A mí, personalmente, me ha llamado mucho más la atención otra cosa.

El señor Pedro J. Ramirez ha contestado a las críticas, diciendo que es una interpretación que refleja la postura de su periódico frente a la realidad (algo muy discutible) y se ha deshecho de los comentarios (imagino que algunos subidos de tono) con lo que él considera su lema vital:


Adversarum ímpetus rerum viri fortis non vertit animum

Ese parece ser el lema vital, el principio rector, la mecánica de las esferas que dirige la vida del director de El Mundo... algo así como "la adversidad no puede con el ánimo del hombre fuerte (o valiente, como queráis)".

Tan importante es esta divisa que el periodista se enorgullece y se siente superior al citarla, volando por el resto de los mortales que no comprenden su don de lenguas.



Es un recurso bastante barato para colocarse por encima de alguien... soltarle un latinajo y dejarlo dudando durante un rato. Pero claro, aquí hay un problema, señor Ramírez, para soltar latinajos y sentirse superior soltándolos... hay que saber soltarlos.

Lo siento, estimado Pedro J. pero en latín NO existen las tildes... por mucho ímpetu que le ponga. Todo un FAIL por su parte, ir dando lecciones a la gente porque no hayan comprendido su erudita divisa, y no saber escribirla correctamente. No sé si sería del gusto del propio de Séneca.

Si es por latinajos, ahora mismo estoy pensando en otro de Ciceron... se lo dejo en el título.

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Archivado en la Sección: Artículos de Opinión.

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jueves 8 de septiembre de 2011

La conquista sin mérito del Paso del Noroeste


En un mundo globalizado en el que las telecomunicaciones han alcanzado la máxima rapidez que permiten las leyes de la física, en el que un mensaje viaja a la velocidad de la luz con solo darle a un botón y en el que se tarda más tiempo en escribir un texto que en recibirlo a miles de kilómetros de distancia, se hace difícil comprender la extraña motivación de aquellos aventureros de siglos pasados al arriesgar su vida en busca de nuevas vías de comunicación.

Cuando uno tiene al alcance de su mano coger un avión y volar en un par de horas a lugares a los que, hace no tanto, se tardaban años en llegar, es natural que pierda algo de perspectiva al juzgar las penalidades por las que pasaron los antiguos exploradores, las condiciones extremas a las que se enfrentaron para conseguir pasos de navegación, rutas más rápidas y seguras o simplemente por plantar por primera vez un pie humano en lugares inexplorados.

Una de las más duras, dramáticas y épicas búsquedas de nuevas rutas navegables fue la realizada durante siglos en las heladas aguas del Paso del Noroeste. Una feroz lucha contra gigantes de hielo que impedían el inexorable avance de la modernidad.

Unir por mar los dos grandes océanos, el Pacífico y el Atlántico, fue “el Dorado” de muchos navegantes de los últimos quinientos años que, en su afán de conectar el mundo, lucharon contra los elementos dejándose, en la mayoría de las ocasiones, la piel en el empeño.

El 19 de Mayo de 1845 partía de Inglaterra la que estaba destinada a convertirse en la expedición definitiva en la búsqueda del Paso del Noroeste. Una misión que contaba con dos de los más avanzados navíos de la época, el HMS Erebus y el HMS Terror; unas embarcaciones cuyas hazañas en la Antártida habían conseguido llevar el pabellón británico a ondear en las más inhóspitas tierras del planeta y de los que se esperaba un nuevo éxito en su nueva travesía por aguas árticas.

Una curtida tripulación de 135 hombres, al mando del experimentado Sir John Franklin, se disponía a encontrar y atravesar el infierno azul y blanco de moles heladas, el monstruo destroza barcos, el gélido laberinto de banquisas… ninguno de aquellos hombres volvería con vida.

Inglaterra entera estaba atenta a las noticias de los dos barcos, pero a cambio de su espera, tan sólo recibieron silencio. La expedición de Franklin encontró la muerte en el Paso del Noroeste y durante años, nada se supo de aquellos hombres.

Grabado del Erebus y el Terror atrapados en el hielo

Se organizaron múltiples expediciones para encontrar una respuesta al enigma del Erebus y el Terror. En los siguientes años, hasta quince navíos participaron en la búsqueda de la expedición perdida de Franklin y la mayoría terminaron también encallados en los hielos del norte.

Sin embargo, inesperadamente, fue una de aquellas misiones de búsqueda, la del comandante Robert McClure y el HMS Investigator, quien finalmente logró encontrar el ansiado Paso del Noroeste.

Al igual que el desafortunado Franklin, los tripulantes del Investigator quedaron atascados entre el hielo. Durante cuatro años lucharon contra las crudas condiciones de aquellas latitudes, soportando estoicos el frío, el hambre, la enfermedad y la muerte, con la única diferencia de que, casi al final de sus fuerzas, se encontraron con otra expedición que les proporcionó trineos para atravesar el paso.

HMS Investigator encallado en la banquisa ártica

Robert McClure y los hombres del Investigator, entre barcos encallados y largas caminatas en trineo, tuvieron que sufrir cuatro duros inviernos de gélidos vientos, crujir de cubiertas, paredes de hielo, escorbuto y hambre para conseguir cruzar el Paso del Noroeste. No es algo que hoy en día podamos imaginar fácilmente.

En septiembre de 1854 regresaron triunfantes a Inglaterra después de haber derrotado a los gélidos monstruos de la historia y haber encontrado y atravesado el ansiado Paso del Noroeste. Aquello fue una conquista, aquello tuvo mérito.

Imagen Earth Observatory NASA | Paso del Noroeste libre de hielos, sept 2007

En el año 2007, siglo y medio después del triunfo y conquista de McClure sobre los hielos árticos, y también durante el mes de septiembre, el Paso del Noroeste volvía a las portadas de todos los periódicos, aunque por razones bien distintas. Por primera vez desde que la humanidad lleva registros, el Paso del Noroeste quedaba libre de hielos y se abría a la navegación.

Ruta amarilla totalmente abierta. Ruta azul parcialmente abierta | ESA, 2007.

Las paredes de hielos imposibles, las banquisas interminables, los marinos sin tumba, las jornadas caminando a ciegas, los navíos aplastados, las conquistas y las derrotas. El enfrentamiento contra el Paso del Noroeste nos queda lejos, atrás en el tiempo, diluido como sus nieves, conquistado por el calentamiento global, un protagonista poco romántico comparado con sus anteriores adversarios


Y llegamos a nuestros días.

Hace apenas unas semanas, el 26 de agosto de 2011, el Paso del Noroeste volvía a sucumbir, y sus cada vez más frágiles hielos se abrían por segunda vez en la historia.

La Agencia Espacial Europea (ESA) mostraba imágenes tomadas desde el satélite Envisat en las que ya se mostraba libre de hielos al menos una vía a través del Paso. La temible travesía se vuelve a abrir, libre de hielos, navegable y expedita por segunda vez en cuatro años.



Sólo algunos medios se hacían eco de la noticia. Quizá es que las segundas veces carecen del interés de las primeras, o quizá es que, en vista de lo que se nos avecina, tendremos que acostumbrarnos a un Paso del Noroeste navegable y libre de hielos.

Extensión del hielo ártico durante los últimos 10 años | IARC-JAXA

La tendencia durante los últimos tiempos es clara. La extensión del hielo cada vez es menos extensa y más frágil y, de continuar así, en los próximos años posiblemente tendremos una puerta abierta más entre el Atlántico y el Pacífico, una ruta estable y libre de hielos… el cambio climático habrá conquistado el Paso del Noroeste. Una conquista lograda sin mérito, pero con igual o mayor riesgo… el tiempo lo dirá.

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Éste artículo corresponde a la sección "Desde la cubierta del Beagle", mi colaboración semanal con el periódico Diario de Avisos y su sección de ciencia Principia.

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sábado 3 de septiembre de 2011

Bill Maher - Soy suizo y otras declaraciones traidoras

Después de su "The Decider", vuelve una de las cabezas pensantes favoritas de la Aldea, el ínclito e irreductible Bill Maher con un nuevo monólogo titulado "Soy suizo y otras declaraciones traidoras".

Una sabia decisión para esta tarde de sábado.



El video es una lista de reproducción de 10 partes enlazadas. Tan sólo hay que darle al play y se reproducirán completas y sin pausa.

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jueves 1 de septiembre de 2011

La pantomima del modelo sostenible

Bevatrón | acelerador de partículas (sincrotrón) del Berkeley Lab.
Comenzó a operar en 1954 y un año después consiguió descubrir el antiprotón


Durante los tensos años de la guerra fría, Melvin Price, a la sazón presidente del subcomité del congreso de Estados Unidos para la investigación y el desarrollo por aquella época, tuvo la inusitada oportunidad de visitar el Laboratorio de Física de Partículas situado en Dubna, una localidad cercana a Moscú y reunirse con científicos rusos.

En aquel encuentro, uno de de los físicos rusos se le acercó y le preguntó cómo conseguían los científicos americanos los fondos necesarios para poder continuar con sus investigaciones. Price, teniendo en cuenta las múltiples reservas que a buen seguro existían en aquella época al borde de la guerra, le hizo un resumen del largo y tedioso camino burocrático que se debía seguir a la hora de conseguir el dinero indispensable para la ciencia, y en particular para conseguir el presupuesto necesario que requería la construcción de los primeros aceleradores de partículas.

El científico ruso, la historia no ha querido recordar su nombre, movió su cabeza de un lado para otro en señal de negación y le respondió: “Eso no es cierto… no es así cómo lo consiguen. Ustedes obtienen el dinero diciendo que nosotros los rusos tenemos un sincrotrón de 10.000 millones de electrón-voltios y que América necesita uno de 20.000 millones de electrón-voltios”.

Melvin Price sonrió y asintió con la cabeza. Sí, algo de eso hay, ¿así lo consiguen también en Rusia?

El físico ruso miró al americano y contestó: Es la única manera.

Construcción del Cosmotrón | Brookhaven National Laboratory (1948)

Han pasado más de 50 años desde aquellos convulsos años, y las cosas siguen igual. Las peligrosas tensiones entre los dos bloques han desaparecido y, el interés de los políticos por la ciencia sigue siendo el mismo: un instrumento para sus particulares objetivos. En la guerra fría la ciencia era el instrumento con el que adelantar al oponente, el tonto útil que les servía para dominar el espacio, para posicionarse como potencia nuclear o para clavar su bandera en la Luna antes que el contrincante.

Ni en aquellos días, ni en los nuestros, había un verdadero interés científico por parte de los políticos. Seamos sinceros, no estaban interesados en descubrir y conocer los ladrillos básicos de la materia mediante la física de partículas, y pasaban tres pueblos de lo que se pudiera descubrir en el espacio salvo que les sirviera para adelantarse a los rusos.

En el escenario de la política, la ciencia tan solo es un títere con el que conseguir otras metas, una pantomima efectista y publicitaria en su discurso de cara al público. Les hace quedar modernos.

El político no está interesado en el comportamiento de la luz salvo que el Arquímedes de turno le pueda construir un espejo ustorio con el que ganar alguna batalla. Al político le interesa el poder, no el saber… y no le digas que saber es poder, que no lo entiende.

Por eso rara vez verás científicos en la política, y viceversa, una vergonzosa, abrumadora e inmensa mayoría políticos que nos representan, nos dirigen y nos administran muestran incautos (e incluso en alguna ocasión, orgullosos) una aterradora carencia del más elemental conocimiento de ciencia. Escalofríos me entran al recordar la entrevista a pie de Congreso que hicieron en el programa televisivo Caiga quien Caiga en la que preguntaban a los diputados si sabían qué era el CO2



No, el político no está interesado en la ciencia. Y mentirá, mentirá y volverá a mentir, usando palabras como innovación, desarrollo, modelo sostenible, avance tecnológico, conocimiento científico… palabras vacías sin un apoyo real.

Cuando Alexander von Humboldt, otro de los grandes naturalistas que visitó Canarias en sus viajes de descubrimientos, se reunió en Aranjuez con Carlos IV en el Real Palacio de Aranjuez para pedirle su ayuda en la empresa científica que tenía planeada, la primera pregunta que el monarca español le hizo fue “Y esto ¿cuánto me va a costar?”… afortunadamente, el alemán poseía un extenso patrimonio fruto de una herencia con el cual hizo frente a sus propios viajes, porque si hubiera dependido del dinero procedente del poder político estaríamos hablando de una historia bien distinta.

El Telescopio Espacial James Webb en peligro por los recortes en presupuesto en la NASA

Hagamos recuento… ¿cuántas veces han oído en los últimos años palabras como éstas, mientras se recortaba el presupuesto de la ciencia? ¿Cuántas veces han hablado de superar el modelo del ladrillo y buscar un nuevo modelo basado en I+D+i, mientras que con la otra mano dejaban con el culo al aire a los investigadores y científicos? La coherencia tampoco es uno de los puntos fuertes de nuestros electos representantes.

Se suele decir que las carreras de ciencias en España tienen tres posibles salidas: por tierra, por mar o por aire… nuestros científicos siguen huyendo hoy de las mismas penurias de las que ya se quejaba Ramón y Cajal.

Fuga de cerebros dicen algunos, seguro que no verán nunca una fuga de políticos.

Pero ahí fuera la ciencia se maneja de igual manera. Como en el encuentro de los dos físicos en la guerra fría, no importa el bloque en el que estés, algunas cosas no cambian. Vivimos en un mundo donde posiblemente se cancele uno de los proyectos más ilusionantes del siglo XXI, el Telescopio Espacial James Webb, la que puede ser nuestra mirada más profunda y reveladora al Universo desde el Hubble, porque su presupuesto de 8.700 millones de dólares es muy elevado, mientras tanto se preparan las Olimpiadas de Londres que costarán algo más de 20.000 millones, y raro es el alcalde que no se infla de orgullo presentando una y otra vez su candidatura a tan magno evento.

Se acercan las elecciones y por la boca de todos los políticos volverán a brotar las palabras mágicas… innovación, modelo sostenible, desarrollo, investigación, ciencia… volverán a asegurar que hay que dejar atrás el modelo basado en el ladrillo, ahora hay que buscar modelos basados en el avance y la tecnología… mentiras, todo mentiras en la pantomima de la política, el teatrillo de las marionetas dónde el muñecote de la ciencia, en los últimos episodios, se mueve con una mano, mientras que en la otra se oculta una tijera lista para el recorte en los presupuestos…

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Éste artículo corresponde a la sección "Desde la cubierta del Beagle", mi colaboración semanal con el periódico Diario de Avisos y su sección de ciencia Principia.

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